sábado, 12 de mayo de 2018

Virreinato del Perú: Luis Jerónimo Fernández de Cabrera y Bobadilla - IV Conde de Chinchón - 14° Virrey del Perú

Luis Jerónimo Fernández de Cabrera y Bobadilla - 4° conde de Chinchón y 14° Virrey del Perú.

Luis Jerónimo Fernández de Cabrera y Bobadilla (Madrid, 1589 – ib., 28 de octubre de 1647), fue el cuarto conde de Chinchón y 14° Virrey del Perú.

Fue tesorero general del Consejo de Aragón entre 1612 y 1627 y virrey del Perú desde 1629 hasta 1639. 

Nació en Madrid en 1589, perteneciente a una familia cercana al trono español. Sus padres fueron Diego Fernández de Cabrera y Mendoza, tercer conde de Chinchón, e Inés Pacheco, hija del marqués de Villena y duque de Escalona Diego López Pacheco, y de Luisa Bernarda de Cabrera y Bobadilla, tercera marquesa de Moya.

De la época de su mandato como Virrey del Perú datan:

-El hallazgo de grandes reservas mineras de plata en Cerro de Pasco

-El descubrimiento de la propiedades de la quina o corteza del árbol Quino, para el combate de la fiebre.

Al concluir su mandato como virrey en 1639, Cabrera regresó a España, donde llegó a ser consejero de Estado. 

Acompañó al rey Felipe IV en las campañas militares de Navarra, Aragón y Valencia. 

Contrajo matrimonio dos veces: la primera con Ana Osorio Manrique, hija de los marqueses de Astorga, con quien no tuvo sucesión; la segunda con Francisca Enríquez de Rivera con quien tuvo un único hijo, Francisco, que le sucedió en sus títulos nobiliarios. (Daos: Wikipedia)

miércoles, 9 de mayo de 2018

Libro Recomendado: La Odisea de Darío en Perú


La Odisea de Darío en Perú relata la historia real de una persona que vive muchos años en Perú. 

El libro es la primera parte de 2, la que comprende las etapas de niñez, juventud, colegio, universidad, enamoramiento, matrimonio, primer trabajo, culminando en la obtención del post grado. 

Más adelante, se publicará la segunda parte que comprenderá desde el primer trabajo después del post grado hasta la etapa de jubilación. 

Darío tiene momentos muy agradables y otros no tan buenos, él se ve afectado en el transcurrir de su vida por las precariedades existentes en un país con un nivel inadecuado de desarrollo en todos los campos. 

Efectivamente, Perú en los años que abarca esta narración pasaba por los peores momentos de su historia, sufriendo de estrecheces económicas; ataques a la libertad y el sistema democrático; gobiernos de incapaces, inmorales y deshonestos, etc; por ello en esa época era sumamente difícil para una persona joven abrirse camino hacia una vida normal. 

Este libro también permite conocer lo que es Perú y consecuentemente, un país subdesarrollado cualquiera por dentro, algo que no se muestra fácilmente. 

No se mencionan nombres que identifiquen plenamente a los personajes, pero la historia es 100 % real.

Este libro que recomendamos está disponible en este link con Amazon.

miércoles, 25 de abril de 2018

La Presencia de Atahualpa en el Palacio Real de España

Estatua de Atahualpa en el Palacio Real de España

En el Palacio Real de España, se encuentra una estatua de homenaje a Atahualpa, quién gobernaba el Imperio Inca a la llegada de los españoles.

Atahualpa fue emboscado y luego muerto por Francisco Pizarro quién comandaba a las fuerzas españolas.

El último inca coronado con la mascaypacha fue Huáscar quién fue muerto por Atahualpa, Principe de Quito, el cual comando una rebelión en su contra, asumiendo por la fuerza el comando del Imperio.

Atahualpa nunca fue reconocido ni coronado como inca según las leyes o constitución del imperio.

Huáscar - Ultimo Inca Legítimo del Perú

domingo, 22 de abril de 2018

Oficiales Destacados del Ejército Real del Perú

Valentín Ferraz - Derrotó a Sucre y Miller en Arequipa

Gerónimo Valdés

Natural de Villarín de Asturias, arribó a América en 1816, se distinguió en la batalla de Torata, por sus méritos fue nombrado vizconde de Torata. Según Miller su fuerte carácter hacia que fuera "temido por sus oficiales pero idolatrado por sus soldados" quienes solían decir que "en campaña el tío siempre está en casa" haciendo referencia al hábito que tenía de compartir las penurias de sus hombres en campaña, no teniendo en su mesa más que sus simples raciones de soldado y durmiendo al aire libre envuelto en un poncho o dos a la cabeza de sus tropas donde quiera se encontrasen en marcha.

José de Canterac

Natural de Castel Jaloux (Francia), llegó al Perú en 1818, hizo la campaña al Alto Perú, fue nombrado jefe de estado mayor por el virrey la Serna, derrotó a los independentistas en las importantes batallas de Macacona y Moquegua en 1822 y 1823 respectivamente pero fue derrotado en Junín (1824), tras la batalla de Ayacucho firmó la capitulación al estar el virrey herido.


Joaquín de la Pezuela

Natural de Huesca, arribó al Perú en 1805, se distinguió en las campañas del Alto Perú en especial en la batalla de Viluma, fue nombrado Marqués de Viluma y posteriormente virrey del Perú. Desprestigiado por el fracaso de la campaña en Chile y debilitado por el desembarco de la expedición libertadora fue depuesto por sus subordinados. 

José de la Serna

Natural de Jerez de la Frontera, de larga experiencia en las guerras europeas paso en 1815 al Perú, combatió con distinción en el Alto Perú ascendiendo a teniente general, tras el Pronunciamiento de Aznapuquio reemplazó a Pezuela como virrey del Perú. 

Manuel Olaguer Feliú

Natural de Ceuta, arribó al Perú en 1817 tras la batalla de Chacabuco. Mariscal de Campo, Subinspector y Director del Real Cuerpo de Ingenieros del Virreinato, integró la Junta de Guerra presidida por el Virrey Pezuela, luego fue nombrado por el Virrey de La Serna miembro de la Junta de Pacificación.

José Manuel de Goyeneche

Noble criollo (hijo de españoles) natural de Arequipa, de importante desempeño en la campaña contra el Ejército del Norte, obtuvo una importante victoria en Huaqui, fue nombrado Conde de Guaqui. 

Pío Tristán

Noble criollo natural de Arequipa, combatió en el Alto Perú a órdenes de Goyeneche y dirigió la ofensiva sobre el norte argentino. 

Andrés García Camba

Natural de Lugo, oficial de caballería y luego de estado mayor participó en varias campañas militares desde su llegada a América en 1816 hasta la misma batalla de Ayacucho, fruto de su propia experiencia personal redactó sus memorias para la historia de las armas españolas en el Perú, una importante fuente historiográfica. 

Baldomero Espartero

Natural de Ciudad Real, llegó al Perú en 1815, fue organizador y comandante del Batallón ligero del Centro, se distinguió en la campaña de 1823 en las batallas de Torata y Moquegua. Tuvo un destacado papel en la posterior historia de España. 

Valentín Ferraz

Natural de Huesca, se embarcó para el Perú en 1816, se distinguió como oficial de caballería, formó y comandó el escuadrón Granaderos de la Guardia, cuerpo que a decir de Espartero "no cedía en nada a los mejores de Europa"​ a cuya cabeza obtuvo la victoria en el combate de Arequipa, recuperando la ciudad tras vencer a la numéricamente superior caballería grancolombiana al mando de los generales Sucre y Miller. 

Pedro José de Zavala

Noble criollo natural de Lima, coronel del batallón de Españoles de Lima, sirvió junto a sus hijos Toribio y Juan de Zavala en el ejército real, secundó el Pronunciamiento de Aznapuquio, tras es final de la guerra su hijo Toribio optó por ostentar la nacionalidad peruana mientras que Juan la española, el primero de ellos combatiría junto a un nieto suyo en el combate del 2 de mayo de 1866 contra la escuadra española falleciendo durante la acción, paralelamente Juan se desempeñaba como Ministro de Marina de España.

Cayetano Ameller,

Natural de Cádiz, llegó al Perú en 1816 como capitán del Batallón ligero Gerona, en 1822 era comandante del mismo, tuvo una muy distinguida participación en la batalla de Torata, donde realizó una brillante carga a la bayoneta con su batallón derrotando y poniendo en fuga a los batallones Nro 4 y Nro 11 del ejército de los andes y el Nro 5 de Chile; ascendido a brigadier marchó a las órdenes de Valdés contra el insurrecto Olañeta, en esta campaña su batallón fue diezmado y el mismo muerto en la batalla de Lava donde Olañeta fue derrotado el 17 de agosto de 1824.7

Felisiano Asín y Gamarra

Comandante general de caballería en la batalla de Torata, dirigió la carga sobre la infantería enemiga, cayo mortalmente herido durante el ataque. (Datos: Wikipedia)

Bandera del Regimiento de Caballería Real del Cuzco

Bandera del Regimiento de Caballería Real del Cuzco


jueves, 5 de abril de 2018

El Glorioso Ejército Real del Perú

Ejército Real del Perú

El Ejército Real del Perú, fue la agrupación militar organizada por las autoridades españolas del Virreinato del Perú para hacer frente al proceso de insurrección independentista que a principios del siglo XIX convulsionó al Imperio Español.

En documentos españoles se le conocía como Ejército del Perú,​ haciendo referencia al ejército de esa dependencia territorial.

En el Virreinato del Río de la Plata, a su ejército se le denominaba Ejército Auxiliar del Perú.

Los jefes realistas le llamaban Ejército Real del Perú o, abreviadamente, Ejército Real, sin embargo durante el trienio liberal se denominó Ejército Nacional. 


El término Ejército Español, era utilizado por los republicanos independentistas para antagonizar a su enemigo.

En las referencias independentistas también se encuentra el sobrenombre de Ejército Godo en relación al antiguo pueblo indoeuropeo que pobló la España peninsular.

Las tropas reales en el Perú se componían principalmente de peruanos, entiéndase por tales a los habitantes del Virreinato del Perú.

El ERP estaba organizado en batallones y milicias según su lugar de procedencia o casta, siendo así que existían unidades de negros y mulatos, como el batallón de Pardos de Arica y de mestizos e indígenas organizados según sus pueblos de origen como el escuadrón de caballería miliciana Dragones de Tinta. 

Sin embargo la necesidad de cubrir las bajas y refundir en una sola distintas unidades hacían que la evolución de muchos de los cuerpos realistas de línea terminasen como una amalgama de castas, clara expresión de la realidad social peruana. 

Étnicamente la masa de las tropas reales la formaban la Casta de indígenas mestizos, los cuales eran reclutados con preferencia sobre los indígenas tributarios, los negros esclavos o los criollos, y en general del resto de tejido económico productivo del país. 

En el contexto socio-cultural de la época la masa mestiza se componía en su mayoría de quechua hablantes los cuales no dominaban el español, lo que ha llevado a algunos autores a afirmar que el ejército realista estaba compuesto casi en su totalidad por indígenas.

El ejército real estaba formado inicialmente por unidades veteranas (permanentes) y de milicias (movilizadas), los primeros eran soldados a tiempo completo, generalmente de dotación (Fortificaciones) como el Real de Lima, mientras que los segundos se levantaban en caso de necesidad militar. Las milicias podían ser de dos tipos: urbanas o provinciales. Las milicias urbanas, estaban limitadas más bien a la defensa de una localidad concreta y tenían componentes más irregulares. Las milicias provinciales en cambio, eran capaces de desplazarse a distancia, y tuvieron un papel protagónico y un destacado desempeño, de tal manera que sentaron las bases para la consolidación de una fuerza regular propia (como los regimientos de Línea del Cuzco o de Arequipa) y que dieron lugar a una sucesión de victorias militares, como la obtenida por el brigadier José Manuel Goyeneche en la batalla de Guaqui. 

La infantería se dividía en batallones los que eventualmente podían agruparse con uno o dos adicionales para constituir un regimiento, cada batallón contaba con 6 u 8 compañías en las que a su vez formaban 100 soldados en promedio aunque esta cifra nominal solía variar. De las compañías que formaban un batallón al menos una debía ser de granaderos y otra de cazadores, ambas llamadas de "Preferencia", siendo las seis restantes de fusileros. Las compañías de Preferencia de varios regimientos podían agruparse en batallones mixtos de solo Granaderos o Cazadores en una disposición táctica ad hoc para una batalla, como sucedió por ejemplo en la Batalla de Cancha Rayada (1818). 

Las características de estos soldados de eran las siguientes: -Los Granaderos: eran escogidos entre los hombres de mejor conducta y constitución física, generalmente los más altos y fornidos del batallón, constituían una fuerza de choque y recibían su nombre de las granadas de mano que originalmente usaban en los combates aunque su uso en la época era ya casi anecdótico. Su distintivo original eran las birretinas o gorros de piel de oso negro aunque lo costoso y escaso de este material hacía que fuera reemplazado también por pieles negras de perro, mono o cabra. En un punto del campo de batalla yacían más de 30 granaderos realistas, y por la posición que tenían sus cadáveres se conocía que habían hecho una valerosa resistencia, y perecido casi al mismo tiempo en la formación que tenían á la cabeza de una columna. Memorias del general Miller, La batalla de Ayacucho.

Los Cazadores: eran soldados de infantería ligera, ágiles y de menor talla, adiestrados en tácticas de orden disperso o "guerrilla", en batalla eran usados como escaramuzadores o avanzadas. Se les entrenada como tiradores de preferencia y en algunos casos solían portar fusiles más livianos y de mayor precisión ("Rifles" cuyo cañón en su interior era rayado para dar al disparo mayor alcance y precisión). Su distintivo era el cuerno de caza que llevaban en el Chacó o bordado en la casaca. 

 Los Fusileros: constituían el núcleo de la infantería, la poca precisión de los fusiles de la época hacía que la infantería utilizara formaciones cerradas (codo a codo) disparando por salvas sobre la formación enemiga para maximizar el daño producido por sus descargas. En caso de ser atacados por la caballería formaban un cuadro, donde la primera fila esgrimía sus bayonetas y la segunda disparaba sobre los jinetes enemigos. Esta formación fue muy utilizada en el Alto Perú para repeler los repentinos ataques de los gauchos. 

Originalmente la caballería realista era toda de milicias y estaba formada por dragones, estos soldados eran una especie de infantería montada, armada de fusil y sable, que combatía tanto a pie como a caballo. La caballería de línea armada de carabinas y sables aparecería por primera vez en 1813 en el Alto Perú. 

Las unidades expedicionarias fueron utilizadas de base la creación de cuerpos de húsares, granaderos a caballo y lanceros. 

El arma de artillería se dividía en artillería de plaza y de campaña, la primera utilizaba piezas fijas y de mayor calibre, como las ubicadas en la fortaleza del Real Felipe en el Callao, la artillería de campaña se componía de piezas de montaña, obuses y morteros. Se trataba de armas más livianas y fáciles de transportar. 

viernes, 23 de marzo de 2018

¿Cuántos militares españoles regresaron a su país después de la Batalla de Ayacucho?

José de la Serna y Martínez de Hinojosa - Ultimo Virrey del Perú

Después de la Batalla de  Ayacucho, en la que "vencieron" las fuerzas republicanas sobre las fuerzas realistas, retornaron a su país 748 militares españoles que residían en Lima, en el número y grados que se indican a continuación:


16 generales

20 coroneles

58 tenientes coroneles

290 oficiales subalternos

364 soldados

lunes, 19 de marzo de 2018

Ollantay - La Más Antigua Obra de la Literatura Inca


Ollantay es un drama escrito originalmente en quechua virreinal, considerado como de origen incaico —y como tal la más antigua y rotunda expresión de la literatura inca.

El más antiguo manuscrito de esta obra perteneció al sacerdote Antonio Valdés (siglo XVIII), a quien por algún tiempo se consideró su autor original; pero existen otros manuscritos divergentes que han hecho pensar en la existencia de una fuente común, de más remoto origen. 

La historia contada en el drama de origen inca, fue conservada durante mucho tiempo como tradición oral, hasta que en la época virreinal fue adaptada para su escenificación teatral según el molde occidental.


Fue publicada por primera vez en 1857 por Johann Jakob von Tschudi, en quechua y alemán. 

La primera versión en castellano apareció en Lima, en 1868, publicada por José Sebastián Barranca y subtitulada Los rigores de un padre y la generosidad de un rey; desde entonces han aparecido distintas versiones en diversos idiomas.

Trama de la Obra:

Ollantay, general de los ejércitos incas es un guerrero de origen plebeyo que por sus excelentes servicios ha sido elevado a la nobleza de privilegio.

El, se enamora de Cusi Coyllur, hija del Inca Pachacútec, amor prohibido, pues de acuerdo a las leyes de Imperio, nadie, salvo otro de linaje inca, puede casarse con una princesa. 

No obstante, Ollantay, enceguecido por el amor, se une a Cusi Coyllur, secreto que comparte la reina madre Ccoya o Anahuarqui. 

Pese a los augurios en contra que le da el Huillac Uma o sumo sacerdote, Ollantay decide pedir al Inca que apruebe formalmente su unión con Cusi Coyllur. 

Pachacútec le recuerda a Ollantay su origen humilde y le señala su increíble audacia de querer “subir demasiado alto”; luego, enfurecido, lo expulsa de su presencia. Asimismo, Cusi Coyllur es encerrada en un calabozo de la casa de mujeres escogidas o Acllahuasi, donde deberá expiar su falta; allí dará a luz una niña, fruto de su amor con Ollantay, a la cual llamará Ima Súmac (Bella Niña). 

Ollantay, al enterarse que Cusi Coyllur ya no está en el palacio de la reina madre, cree que ha sido asesinada y decide abandonar el Cuzco, junto con Piqui Chaqui, su confidente y servidor, no sin antes amenazar con volver y destruir la ciudad imperial. 

Se instala en la ciudad que lleva su nombre, Ollantaytambo, donde se atrinchera y se hace independiente, dispuesto a resistir con las armas a las huestes del Inca. 

El Inca ordena a su general Rumi Ñahui que marche a combatir a Ollantay. 

Por su parte, Ollantay envía a su general Orco Huarancca quien tiende a Rumi Ñahui una emboscada en un desfiladero, derrotándolo. 

Diez años después el Inca Pachacútec muere sin haber conseguido su deseo de derrotar a Ollantay; le sucede su hijo Túpac Yupanqui. 

No obstante haber pasado diez años de férrea prisión, Cusi Coyllur aún conserva alguna esperanza de salir de ella. Su hija, Ima Súmac, ha sido criada como una escogida más, pero sin decirle nada sobre sus padres.

La niña descubrirá por casualidad quién es su madre, proponiéndose desde entonces ir donde el nuevo Inca a fin de pedir clemencia para ella. 

Mientras tanto, Túpac Yupanqui se propone derrotar y capturar a Ollantay, para lo cual envía a Rumi Ñahui, quien le promete rehabilitarse de su anterior derrota. 

Esta vez Rumi Ñahui decide emplear la astucia: se presenta ante Ollantay cubierto de heridas y pretende que así lo ha tratado el nuevo Inca; de esa manera se gana su confianza y aprovechando una fiesta nocturna, abre las puertas de Ollantaytambo para dar acceso a sus tropas, las cuales, sin ninguna resistencia, logran capturar a Ollantay, a Orco Huarancca y a otros oficiales, que son llevados al Cuzco, ante la presencia de Túpac Yupanqui.

El Inca pregunta a sus consejeros qué debe hacer con los rebeldes. El Huillac Uma, que siempre hace de pacificador, pide clemencia; más Rumi Ñahui pide la muerte de ellos. Túpac Yupanqui aprueba la pena capital; pero a último momento no solamente perdona a los rebeldes, sino que les confiere puestos todavía más altos. Ollantay es nombrado general mayor y lugarteniente del Inca en caso de ausencia de éste por asuntos bélicos. Orco Huarancca es nombrado jefe del Antisuyo. 

Pero Ollantay tendrá otra dicha más por recibir: su reencuentro con su amada Cusi Coyllur. Ello ocurre en efecto, gracias a la casualidad: Ima Súmac, desde su niñez valiente, ingresa al palacio imperial y se arrodilla ante la presencia del Inca, pidiéndole piedad para su madre, encadenada en lo más recóndito del Acllahuasi. aunque por el momento no sabe de quién se trata, el Inca se interesa por el asunto y junto con Ollantay se dirige al Acllahuasi, donde encuentran a la mujer prisionera, que más que persona les parece un espectro cubierto solo por su larga cabellera. Finalmente el Inca reconoce en ella a su hermana de cuyos labios oye su penosa historia. 

Entonces Túpac Yupanqui, magnánimo, la libera y allí mismo la desposa con Ollantay, terminando así, con final feliz, el drama inca. (Datos: Wikipedia)

miércoles, 21 de febrero de 2018

La Ruta de los Japoneses que Llegaron Antes que Todos a América


Hace miles de años, un puñado de navegantes japoneses recaló en una aldea de pescadores en Real Alto (Ecuador). 

Ahí dejaron su legado: vasijas, extrañas muñecas de cerámica y las Venus de Valdivia, símbolos del poder primitivo de la mujer. 

El sitio arqueológico Real Alto, cuya extensión es de doce hectáreas, fue descubierto en 1971 por Jorge G. Marcos y excavado inicialmente por Donald Lathrap, de la Universidad de Illinois –Estados Unidos–. 

Las investigaciones revelaron que allí había existido una de las primeras aldeas con agricultura y cerámica del continente americano –4400-1700 a. de C.– la que se convirtió, con el paso del tiempo, en un importante centro ceremonial. 


¿Cómo sobrevivieron, a lo largo de casi 2.400 años, aquellos pueblos de la civilización Valdivia? Es posible que para ello fuera definitivo disponer de 150 pozos subterráneos para regar el sembradío o calmar la sed de los 1.500 habitantes de la villa prehispánica. Valdivia dejó un importante legado cultural. 

Para el arqueólogo Jonathan Damp, la civilización peruana de Chavín de Huantar es, en cierto modo, descendiente de ésta. 

Además de identificar símbolos de serpientes, en ambas predominan felinos grabados en tazas de cerámica. 

Emilio Estrada Icaza, el primero en identificar la cultura Valdivia a mediados de la década de los cincuenta del pasado siglo, ya la asoció con los antiguos pueblos japoneses. 

Este arqueólogo aficionado –trágicamente fallecido a los 46 años, víctima de un infarto en mitad de un partido de fútbol en Guayaquil–, escribió en 1962 Arqueología de Manabí Central, obra en la que recuerda cómo Thor Heyerdahl aseguró que se podía navegar por el Pacífico con embarcaciones primitivas aprovechando las corrientes marítimas:

“Nosotros sustentamos la teoría de un viaje involuntario, que accidentalmente pudo haber forzado a una embarcación cualquiera a seguir la corriente del Japón, que llega al sur de California, paralela a Centroamérica, que se une con aquella que desciende de Panamá y desembarca en las costas de Ecuador”. 

 Años después, en la década de los setenta, el matrimonio Betty Meggers y Clifford Evans descubrió un sorprendente paralelismo entre la cerámica encontrada junto al río Napo (Ecuador) –encuadrada en el periodo Jolón Medio, datado en el año 1600 a. de C.– y las piezas de la cultura Valdivia. 

Estos dos investigadores plantearon la posibilidad de que que un grupo de pescadores nipones se perdiera en pleno océano Pacífico y que viajaran, arrastrados por las corrientes marítimas, durante unos 300 días hasta recalar en las costas de Ecuador. 

Luchando contra el hambre y la sed a lo largo de más de 15.000 km, los supervivientes fueron recogidos por los nativos.

En aquella misma época, el lingüista brasileño Luis Caldas Tibiriçá publicó un libro titulado Notas y observaciones sobre una confrontación lingüística Japonés-Ameríndio, en el cual señalaba curiosas similitudes entre el idioma japonés y el tupi-guaraní de las tribus brasileñas. Para él, la ruta de penetración nipona en Sudamérica se produjo a través de la senda señalada por el río Napo. 

“Tras muchos años de trabajo encontré más de mil vocablos amerindios semejantes al japonés, entre ellos más de seiscientos del idioma tupí”

Así se expresó Tibiriçá en su residencia de Sao Paulo –Brasil–. “Lo que más me llamó la atención es que casi todos los nombres que designan seres mitológicos, en lengua tupí, proceden del japonés, como Macaxera, Rudá, Maní, Añangá, Tupana y otros”, prosigue relatando. 

Además, muchos vocablos del quechua de Perú y del caxinauá de los indios Pano de la Amazonía también están emparentados con el idioma nipón. Por ejemplo, los japoneses llaman al mar umi, mientras que los pueblos andinos de lengua quechua denominan a los canales de agua umu, mientras que utilizan el vocablo sakha para referirse a una montaña, que hace recordar a saka, que es como en japonés se denomina a aquello que está en cuesta o es escarpado. 

Tibiriçá también establece paralelismos entre las lámparas de aceite de cerámica descubiertas a orillas del río Amazonas, en Santarén –Pará, Brasil–, con las haniwa del período Yayoi que se encuentran en el museo de Tokio. 

Igualmente sorprende el parecido con las figuras humanas de cerámica de la isla de Marajó, en la desembocadura del río Amazonas, tanto por su postura como por atuendos, así como por la forma de los ojos y boca.

“Hay que decir que muchos pueblos americanos obedecen a la idea central de que existe una comunión que une los hombres a las fuerzas vivas de la naturaleza, como en el Xintoismo. 

En el Japón medieval, el culto de Amida habla de la búsqueda de una Tierra Pura, con idéntica connotación con la creencia de los indios guaranís de la “Tierra sin Mal” o Yvy maaeím”, compara el veterano lingüista. 

Este indigenista también observó que la famosa lucha japonesa, el sumo, tiene su equivalente en la huka-huka, lucha deportiva practicada por los indios del Xingú, en el Mato Grosso de Brasil, que consiste en demostrar la habilidad en derribar al adversario agarrándolo por una de las piernas. “Las reglas y posturas son idénticas”, refrenda Tibiriçá. 

Naylamp, Naymlap o Ñañlap es un personaje mitológico del Antiguo Perú. De acuerdo a relatos recogidos por cronistas españoles, provino del mar, trayendo la civilización a las tierras lambayecanas (norte del actual Perú), donde fundó un reino o señorío en el que se sucedieron varios reyes (cultura lambayeque).

La dinastía fundada por Naylamp gobernó los ricos valles de Lambayeque. Los reyes que gobernaron después de él fueron: Cium, Escuñain, Mascuy, Cuntipallec, Allascunti, Nofan nech, Mulumuslan, Llamecoll, Lanipat cum, Acunta y Fempallec. Doce en total, incluyendo a Naylamp.

Kotosh es un sitio arqueológico ubicado en el distrito, provincia y departamento de Huánuco, en el Perú. Se compone de una serie de edificios superpuestos con 6 periodos de ocupación continua.

El más famoso de sus recintos, expuesto actualmente al público, es el misterioso Templo de las Manos Cruzadas, llamado así por tener dos altorrelieves en barro en forma de sendos brazos cruzados, cuya antigüedad se remonta al 1.800 a.C. (fase Kotosh-Mito). 

Durante el virreinato, Kotosh fue conocida como una huaca prehispánica, siendo expoliada por los buscadores de tesoros. 

Hasta antes de ser redescubierta en la década de 1930 tenía la apariencia de un promontorio natural. En 1934 Javier Pulgar Vidal identificó en la zona fragmentos de cerámica preinca. Al año siguiente fue visitada por el célebre arqueólogo Julio César Tello quien lo consideró un yacimiento arqueológico de mucha importancia. Tello dedujo que la cerámica de Kotosh estaba emparentada con la alfarería chavín.

Tras la muerte de Tello, no hubo más investigaciones en la zona, hasta que en 1960 la Universidad de Tokio muy interesada en los restos encontrados en Kotosh, envió una expedición al mandó del profesor Seiichi Izumi, conformada también por el arqueólogo Toshinico Sono, el antropólogo Kazuo Terada y otros especialistas japoneses.

El equipo removió escombros en Kotosh, hasta encontrar los restos de una antiquísima construcción del precerámico, al que llamaron el Templo de las Manos Cruzadas, debido a que, en dos de sus paredes, en la parte inferior, descubrieron relieves de barro modelado en forma de brazos cruzados, de significado misterioso, aunque aparentemente de connotación religiosa. 

Tras un paréntesis, manteniendo vivo el gran interés de Japón en el tema, en 1963 retornó Izumi al Perú, trayendo consigo un equipo de especialistas mayor en número y calidad que el de 1960, el propósito esta vez era dilucidar definitivamente el misterio del Templo. 

Los arqueólogos desenterraron totalmente el templo de las Manos Cruzadas, confirmando que era del precerámico, al no hallarse vestigios de alfarería (hacia 1800 a. C.). Los restos de cerámica recién se hallan en la siguiente estructura superpuesta, llamada el Templo de los Nichitos. 

Manos Cruzadas - Kotosh

Misión Japonesa en Perú - En un descanso del Trabajo en Kotosh

martes, 9 de enero de 2018

Mitos o Leyendas sobre el Tigrillo - Leopardus pardalis

Tigrillo u Ocelote - Leopardus pardalis

Cita de cronista español de la conquista:

" Llaman los españoles onza a cierto animal que nace en estas indias..... Es del tamaño y hechura del galgo, ceñido de cintura y muy ligero, ... las uñas agudas, la cabeza no tan ahusada como de galgo y las orejas caídas. Pelea con los tigres y leones, y los suele vencer y matar, mas por su ligereza y constancia que con fuerza." B. Cobo (IX, 66)


Mito o Leyenda Ancestral Peruana:

Qoa es el nombre del felino sobrenatural que se desplazaba por los aires, por entre brumas y nubes, cerca de los puquios y manantiales, lanzando rayos por los ojos, produciendo truenos y desplegando el arco iris; sus orines se convertían en lluvia. Qoa es, por su condición de donante de la lluvia, un ente sobrenatural a todas luces benéfico, es temido porque suele tener acciones destructivas como escupir granizo o matar con sus rayos. El personaje es un felino que a veces se le ve volando por las nubes. Éste rige el agua, regulando a su antojo la intensidad y frecuencia de las lluvias, de este modo las sementeras y la misma vida dependen de su voluntad.